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jueves, 2 de abril de 2020

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Efemérides del 2 de abril (Émile Édouard Charles Antoine Zola)

Zola. Hoy 2 de abril de 1840 nace Émile Zola, el padre del naturalismo y uno de los novelistas más grandes de la literatura francesa y universal
Émile Zola nació el 2 de abril de 1840 en Paris. Fue el creador del naturalismo, estilo nacido de su voluntad de aplicar el rigor científico a la novela y que originó una corriente artística que influiría en todas las literaturas europeas. Comenzó su carrera literaria durante el II Imperio, régimen por el que sentía una gran aversión.

Durante la III República maduró su estilo al tiempo que abordaba el proyecto de trazar un ambicioso fresco literario de la sociedad del momento en un ciclo de novelas. Cultivó brillantemente el periodismo, destacando durante el Affaire Dreyfus, cuando publicó un artículo (el célebre J’Accuse...) denunciando el montaje tramado contra el acusado y defendiéndole como una causa de justicia, lo que le valió una condena por difamación y le llevó al exilio durante dos años en Londres. ÉMILE ZOLA: UNA MUERTE ENVUELTA EN LA SOSPECHA
El autor de Germinal y La bestia humana y decenas de novelas más, incluido un relato épico de 20 libros sobre la Segunda República de Francia, había perdido la vida lentamente, a medida que inhalaba el monóxido de carbono que invadió su habitación mientras dormía con su esposa, al calor de una chimenea mal ventilada. Tomado de: BBC
Émile Zola, todos los cuentos del padre del naturalismo

Émile Zola
Desde sus novelas tempranas La confesión de Claude (1865) y Thérèse Raquin (1867), Émile Zola escandalizó a Francia poniendo su lupa casi científica sobre las miserias, desigualdades y catástrofes de la sociedad. «Literatura pútrida», así llegó a calificar un crítico de Le Figaro a esta última, en cuyo prólogo el autor sentó las bases del naturalismo (desarrollado teóricamente con más detalle años más tarde, en el ensayo La novela experimental), corriente caracterizada por el afán de objetividad, una prosa clínica y concienzudos análisis psicológicos de unos personajes marcados por el determinismo de la herencia genética, el entorno social y los vicios.

No obstante los cuentos de Zola nos muestran a un escritor distinto. Así lo cree Mauro Armiño, responsable de Émile Zola. Cuentos completos, publicados por primera vez en español por la editorial Páginas de Espuma. Tanto el editor y traductor del volumen como el máximo responsable del sello, Juan Casamayor, le dan la razón al crítico Harold Bloom: a Émile Zola hay que leerlo en conjunto.

Zola (París, 1840-1902) publicó sus cuentos en periódicos y revistas, como era costumbre en la época, para ganarse el sustento, y entre ellos Armiño distingue tres tipos: los de final trágico, los cuentos «amables» de carácter descriptivo y aquellos en los que mezcla crónica y relato, como La inundación, donde mezcla elementos de ficción con hechos reales acontecidos durante las inundaciones provocadas por el río Garona en 1875.

Muchos de ellos los recopiló en libros (Cuentos a Ninon, Nuevos cuentos a Ninon, El capitán Burle y Naïs Micoulin) y el resto permanecieron dispersos. Todos ellos se recogen ahora en este volumen de casi mil páginas con el que Páginas de Espuma prosigue en su empeño por «construir una biblioteca de cuentos completos de grandes autores», en palabras de su máximo responsable, Juan Casamayor. Además de otros autores, ya lo han hecho con Poe, Maupassant y Chéjov («el trípode clásico sobre el que se alza el cuento contemporáneo», dice el editor), y el próximo será Henry James, a la venta probablemente en noviembre.

El enfoque de Armiño en el artículo introductorio de los cuentos completos de Zola ha consistido en «analizar al Zola cuentista de manera independiente», al margen de sus otras dos facetas más conocidas: como novelista, en la que el padre del naturalismo «no necesita presentación», y como intercesor en el caso Dreyfus, «demostrando que un artículo puede cambiar la situación política de un país».

Zola era hijo de un ingeniero veneciano de éxito que tras una temporada en París, donde nació el escritor, se trasladó a Aix-en-Provence, donde diseñó un sistema de canalizaciones y una presa que durante décadas abasteció de agua potable a la ciudad. Pero su temprana muerte sumió a la viuda y al hijo en graves problemas económicos y se mudaron a París, donde ella trató de pelear por la propiedad de la empresa de su marido.

El joven Zola, amigo íntimo de Cézanne desde su infancia compartida en Aix-en-Provence, mantuvo su amistad con él en la capital y frecuentó también a otros pintores como Manet, Monet, Renoir y Pissarro, con quienes conoció el mundo de la bohemia. Tras fracasar en los estudios, buscó trabajo para no resultar una carga para su madre y por esa misma época publicó su primer cuento, «El hada amorosa». Los inicios de su carrera estuvieron marcados por el romanticismo, que fue dejando paso al realismo hasta desembocar en el naturalismo que lo acabó consagrando como uno de los autores principales del canon occidental.

El Caso Dreyfus

Cuando en 1894 el capitán Alfred Dreyfus fue condenado por espionaje, la sociedad francesa se polarizó entre los defensores del militar de origen judío, alegando que no había suficientes pruebas incriminatorias, y sus detractores, que se oponían a la revisión del caso. El conflicto, teñido de antisemitismo, se convirtió en una encarnizada lucha entre la derecha y la izquierda.

Cuando en 1898 Zola publicó en el periódico L’ Aurore su carta Yo acuso, una encendida defensa de Dreyfus (o, más bien, una serie de acusaciones con nombres y apellidos de los manipuladores del caso), su texto «le convierte, sin serlo, en el gran paladín de la izquierda», señala Armiño, y muchos intelectuales (término que nació precisamente durante esta crisis) cambiaron de opinión a favor de Dreyfus.

Cuando el autor murió en 1902 por inhalación de monóxido de carbono de una estufa en mal estado, su funeral congregó a 50.000 personas en los Campos Elíseos y alrededores. «Aquella era una zona conservadora, y algunos exaltados de extrema derecha llegaron a lanzar objetos a la muchedumbre desde los balcones», explica el traductor y editor, que en los últimos meses también ha publicado la poesía completa de Rimbaud en la editorial Atalanta.

Yo acuso hizo que Zola fuera llevado ante los tribunales y se le impuso una condena de un año de prisión y 3.000 francos de multa, la pena máxima por difamación, aunque el autor se exilió durante un año en Inglaterra junto a su esposa para evitarla. Pero aquella no fue la primera vez que el autor de Germinal tenía problemas con las autoridades.

En 1872, un artículo satírico sobre la monarquía hizo que le prohibieran escribir en la prensa parisina. Entonces abandonó la escritura de cuentos y se concentró en su saga Les Rougon-Macquart, que había empezado un año antes y le llevaría más de 20 años concluir. Al perder sus colaboraciones en prensa que le aseguraban el sustento, Zola volvió a la penuria económica, hasta que su amigo Iván Turguénev le ofreció publicar lo que quisiera una vez al mes en la revista rusa que dirigía, Le messager de l’Europe, lo cual le permitió sobrevivir.

Al principio se ciñó a lo que Turguénev le había encomendado: crónicas con fuerte componente social y costumbrista para que el lector ruso se hiciera una idea de cómo era la vida en Francia, pero poco después consiguió que le dejase publicar cuentos. A esta etapa pertenece el favorito de Armiño, «Por una noche de amor».

La herencia del naturalismo

Zola escribe el ensayo La novela experimental, donde sienta las bases del naturalismo, en el ecuador de la escritura de la saga Les Rougon-Macquart. Fue en esta serie de novelas donde el autor exprimió al máximo las posibilidades de su fórmula naturalista. No obstante, Armiño señala que esta saga se ha leído muy poco en España. «Hubo un intento hace más de 30 años por parte de Alianza, pero al final solo publicaron cuatro de los veinte tomos, imagino que por falta de respuesta del público». Sin embargo, en los cuentos «las leyes de la herencia no son tan fuertes y los personajes son más independientes».

Para el experto en Zola, fue Emilia Pardo Bazán la escritora española que más se acercó a los postulados del naturalismo, especialmente en su obra La cuestión palpitante, lo cual sorprendió al propio Zola: «Le extrañaba que ella, siendo católica, aceptase que la herencia de la sangre impidiese incluso a la religión cambiar el carácter de las personas», señala el editor.

«A principios del siglo XX surgen grandes novelistas como Mann y Proust, pero ya nada tenían que ver con Zola, y el único ismo que surgió después en el ámbito de la novela fue la Nueva novela francesa, totalmente contrario a Zola»

Al comparar la narrativa de Zola con las tendencias actuales, Armiño opina que «hoy se nos olvida qué es una novela. Para mí, la novela debe contar hechos», sentencia el editor y traductor, y señala que este debate se remonta en España a los años 70, cuando la narrativa se dividió entre novela realista y novela «literaria», esta última con una fuerte influencia de la Nueva novela francesa.

Fuente del texto: elcultural.com/Emile-Zola
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Acerca de ancilo59

Hola, Mí nombre es Andrés Cifuentes. Soy un andaluz que lleva desde 1967 viviendo en Madrid. Es una ciudad cosmopolita, centro de negocios, sede de la Administración pública, central del Gobierno del Estado y del Parlamento español. Ojalá quien habla de nuestra incultura se acuerde de Séneca, Columela, Maimónides, Averroes, Góngora, Bécquer, Alexandre, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Machado, Falla, Zambrano, Picasso, Velázquez, Murillo, Alberti, Carlos Cano, Gala, Luis Rojas Marcos, Sabina…

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